miércoles, 11 de septiembre de 2013

GARGANTA DE LOS INFIERNOS

Cortesia de El KIOSCO ROJO...de Ibros

GARGANTA DE LOS INFIERNOS - LOS PILONES
SEPTIEMBRE 2013




































































martes, 10 de septiembre de 2013

TAL DIA COMO HOY, 10 DE SEPTIEMBRE

Cortesia de El KIOSCO ROJO...de Ibros


El “Guernica” volvió a España


El 10 de septiembre de 1981, el monumental mural contra la guerra del artista español Pablo Picasso “Guernica”. 

El 10 de septiembre de 1981, el monumental mural contra la guerra del artista español Pablo Picasso “Guernica” fue recibido en el pueblo de Guernica, cuyos residentes - que sufrieron la Guerra Civil española- inspiraron la pintura. En 1937, con la aprobación de Francisco Franco, la Alemania Nazi probó su mortal nueva fuerza aérea en este pueblo de la región vasca dispuesta a ser independiente. En tres horas de bombardeo, murieron un tercio de sus 5.000 habitantes. Como protesta, Picasso pintó el “Guernica” desde su destierro en París. En 1939, la pintura fue a Nueva York donde permaneció, de acuerdo con los deseos de Picasso, hasta que la democracia volviera a España. Actualmente se encuentra en el Museo Reina Sofia de Madrid. Desde 1997, los nacionalistas vascos han estado requiriendo su traslado al Museo de Guggenheim de Bilbao.



¿Gibraltar español?


Se celebra un referéndum





El 10 de septiembre de 1967 el pueblo de Gibraltar vota por mantenerse en el Reino Unido y no formar parte de España. Los resultados del referéndum fueron claros: la opción de continuar unidos a Gran Bretaña ganó por 12.138 votos frente a 44 votos.

Los deseos por parte de España de poner fin a la situación colonial de Gibraltar, comenzaron a principios de la década de los 60. El gobierno español planteó la situación de Gibraltar ante el comité de descolonización de las Naciones Unidas, adoptando así la Asamblea General varias resoluciones por las que se proponía el final de la colonización de Gran Bretaña. En respuesta a estas resoluciones, las autoridades de Gibraltar apelaron al derecho de la autodeterminación y el Reino Unido organizó un referéndum en 1967 para decidir la soberanía de Gibraltar.


Hallados los restos de Colón


En la Catedral de Santo Domingo 


El 10 de septiembre de 1877 se hallaron los restos mortales de Cristóbal Colón en una caja de plomo, en la Catedral de Santo Domingo, República Dominicana.

Al parecer, la caja contenía fragmentos de huesos y se podía leer en ella la siguiente inscripción: "Varón ilustre y distinguido Cristóbal Colón".

Casi un siglo más tarde, en 1992, los restos se trasladaron al Faro a Colón, un monumento de proporciones gigantescas construido por el gobierno dominicano.

Varios expertos afirman que los restos de Cristóbal podrían estar en varios sitios diferentes, ya que en Sevilla se encuentra un 15% de la totalidad del esqueleto de Colón, cuyas muestras de ADN coinciden con las del hermano y el hijo del descubridor de América

sábado, 7 de septiembre de 2013

GIETHOORN: UN MARAVILLOSO PUEBLO SIN CALLES

Cortesia de El KIOSCO ROJO...de Ibros


Hoy os ofrecemos una vista a la pequeña localidad holandesa de Giethoorn. Esta localidad es también conocida como La Venecia de los Países Bajos o la Venecia del Norte, ya que no existen carreteras en la localidad, unos canales con una longitud total de unos 7,5 km recorren el pueblo.


El pueblo fue fundado en 1230. Para recorrer el pueblo hay un carril para bicicletas y los numerosos canales comentados anteriormente.


Giethoorn, un pueblo sin carreteras

1.El transporte se realiza con botes de remos y pequeñas embarcaciones con motores eléctricos, los cuales se mueven en silencio, para no romper la paz y la tranquilidad que se respira en este pintoresco pueblo.
Giethoorn, un pueblo sin carreteras

Giethoorn, un pueblo sin carreteras

Giethoorn, un pueblo sin carreteras

Giethoorn, un pueblo sin carreteras

Giethoorn, un pueblo sin carreteras

Giethoorn, un pueblo sin carreteras

viernes, 6 de septiembre de 2013

EL MISTERIO DEL REINA REGENTE

Cortesia de El KIOSCO ROJO...de Ibros


-EL MISTERIO DEL REINA REGENTE-


El buque desapareció en 1895 con los 412 hombres de su dotación.

Foto: -EL MISTERIO DEL REINA REGENTE-

El buque desapareció en 1895 con los 412 hombres de su dotación.

En el verano de 2010 las ministras de Defensa y Cultura sellaron un protocolo para la localización e identificación del patrimonio sumergido en los ocho mil kilómetros de litoral nacional. Como brazo ejecutor, la Armada eligió como primero de sus objetivos el crucero Reina Regente, un buque desaparecido en aguas de Cádiz en 1895 con los 412 hombres de su dotación. 

Construido en astilleros escoceses el crucero fue entregado a la armada con una serie de deficiencias estructurales entre las que cabe destacar el exceso de desplazamiento y la falta de estanqueidad. Tras los informes de sus primeros comandantes estaba pendiente de reparaciones cuando fue comisionado para conducir a Tánger a una embajada marroquí. 

El Reina Regente zarpó de Cádiz con idea de regresar al día siguiente y fondear en la bahía gaditana para asistir a la botadura del crucero Carlos V. Poco antes de abandonar la rada de Tánger el puerto quedó cerrado por un temporal, pero el comandante ignoró la recomendación del cónsul español de permanecer fondeado hasta el paso de la borrasca y salió a navegar. Desde las alturas de la ciudad los últimos ojos que lo vieron fueron los de un funcionario de la embajada que declaró que el crucero se detuvo nada más salir y arrió por la popa lo que le pareció un buzo. Media hora después se perdió de vista en medio de un temporal imponente. Dos buques que buscaban el abrigo del Mediterráneo se cruzaron con el Regente hacia el mediodía; más tarde sus capitanes declararían que tomaba muy mal la mar. Hacia las tres de la tarde, unos labradores que trabajaban sus tierras en Bolonia declararon haber visto entre la bruma un buque luchando contra las olas muy cerca de costa. 

En la botadura del Carlos V no se hablaba de otra cosa que del temporal que había azotado las costas de Cádiz el día anterior y que había causado la pérdida del telégrafo, de docenas de barcos de pesca y el hundimiento del vapor Carpio que, procedente de Huelva, se hundió con 60 pasajeros que acudían a la botadura del flamante crucero. Nadie se acordó del Reina Regente, pues todos lo suponían en Tánger esperando a que pasara el temporal. Cuando quedó restablecido el servicio de telégrafos se recibió un inquietante mensaje del Comandante de Marina de Tarifa preguntando por el barco, pues la mar estaba arrojando a la costa numerosos restos que parecían pertenecer al crucero. 

Conforme pasaron los días las playas de Cádiz comenzaron a llenarse de familiares de los marinos desaparecidos. De día se les veía caminar entre sollozos con un rosario en las manos y por la noche cientos de cirios alumbraban la costa como improvisados faros que guiaran el regreso de sus seres queridos, pero la mar sólo arrojaba restos del barco e incluso algunos mensajes embotellados supuestamente firmados por los náufragos que resultaron obra de un macabro bromista. El capitán general del departamento de Cádiz recibió otro anónimo que parecía más verosímil, señalando que el barco estaba hundido a "mil seiscientos o setecientos de Torre de Plata" y que el personal se encontraba "en los camarotes y el comandante atado al palo mayor…". La búsqueda en la zona señalada no arrojó resultados. 

Además de dos marineros que perdieron el barco en Tánger, hubo otro superviviente que no pudo dar cuenta de la tragedia ya que se trataba de un perro. Participando en las tareas de búsqueda, un buque inglés lo encontró a la deriva sobre un enjaretado de madera. Los ingleses adoptaron al can como propio y continuaron sus navegaciones hasta que, con motivo de una escala en Sevilla, el buque fondeó frente a la barra de Sanlúcar esperando la marea, momento en que el perro comenzó a mostrar síntomas de nerviosismo hasta saltar al agua y ganar la costa, tras lo cual callejeó por Sanlúcar hasta encontrar la casa de su dueño, uno de los oficiales del Reina Regente. 

La comisión encargada de la investigación concluyó que el naufragio se había debido a la extraordinaria fuerza del temporal, declarando que a la salida de Cádiz el barco se encontraba en buenas condiciones para la navegación. La descripción de cómo el Reina Regente se pudo haber hundido a fuerza de embarcar toneladas de agua como consecuencia del furioso oleaje resulta un documento estremecedor y de una precisión impecable, sin embargo la conclusión final volvió a levantar ampollas puesto que era sabido que el barco tenía defectos, como así señalaba una Cédula Real que ordenaba a una serie de obras de mejora. 

En cuanto a la decisión del comandante de salir a navegar a pesar del tremendo temporal, pesó sin duda la orden de estar presente en la botadura del Carlos V. En aquella época los comandantes no contaban con otro apoyo meteorológico que el barómetro y la borrasca se presentó prácticamente sin avisar, a pesar de lo cual los informes desfavorables de sus antecesores en el mando, el escaso tiempo que llevaba él mismo ejerciéndolo y la circunstancia de que en el momento de zarpar el puerto de Tánger ya se había cerrado al tráfico, debieron inclinarle hacia una decisión más prudente. 

La localización del Reina Regente 117 años después de su pérdida sigue siendo un misterio. La pista del anónimo resultó tan poco efectiva como las declaraciones de un famoso investigador ruso que anunció haber encontrado el pecio en el año 2002. No obstante, en aplicación del protocolo aludido al principio de este artículo, el barrido de la zona por parte del cazaminas Segura arrojó la presencia frente a Bolonia de dos ecos metálicos que coinciden con las características del crucero, aunque los cien metros de profundidad, la intensidad de la corriente y el hecho de que ambos estén enterrados en una densa capa de fango hacen muy difícil la identificación. 

Donde quiera que se encuentre, el buque constituye el túmulo de hierro que guarda el último suspiro de sus tripulantes, una razón de peso suficiente para que la Armada mantenga el compromiso de identificar al crucero y a los 412 hombres de su dotación.

Fuente: www.diariodecadiz.es
Noticia de 2012En el verano de 2010 las ministras de Defensa y Cultura sellaron un protocolo para la localización e identificación del patrimonio sumergido en los ocho mil kilómetros de litoral nacional. Como brazo ejecutor, la Armada eligió como primero de sus objetivos el crucero Reina Regente, un buque desaparecido en aguas de Cádiz en 1895 con los 412 hombres de su dotación. 

Construido en astilleros escoceses el crucero fue entregado a la armada con una serie de deficiencias estructurales entre las que cabe destacar el exceso de desplazamiento y la falta de estanqueidad. Tras los informes de sus primeros comandantes estaba pendiente de reparaciones cuando fue comisionado para conducir a Tánger a una embajada marroquí. 

El Reina Regente zarpó de Cádiz con idea de regresar al día siguiente y fondear en la bahía gaditana para asistir a la botadura del crucero Carlos V. Poco antes de abandonar la rada de Tánger el puerto quedó cerrado por un temporal, pero el comandante ignoró la recomendación del cónsul español de permanecer fondeado hasta el paso de la borrasca y salió a navegar. Desde las alturas de la ciudad los últimos ojos que lo vieron fueron los de un funcionario de la embajada que declaró que el crucero se detuvo nada más salir y arrió por la popa lo que le pareció un buzo. Media hora después se perdió de vista en medio de un temporal imponente. Dos buques que buscaban el abrigo del Mediterráneo se cruzaron con el Regente hacia el mediodía; más tarde sus capitanes declararían que tomaba muy mal la mar. Hacia las tres de la tarde, unos labradores que trabajaban sus tierras en Bolonia declararon haber visto entre la bruma un buque luchando contra las olas muy cerca de costa. 

En la botadura del Carlos V no se hablaba de otra cosa que del temporal que había azotado las costas de Cádiz el día anterior y que había causado la pérdida del telégrafo, de docenas de barcos de pesca y el hundimiento del vapor Carpio que, procedente de Huelva, se hundió con 60 pasajeros que acudían a la botadura del flamante crucero. Nadie se acordó del Reina Regente, pues todos lo suponían en Tánger esperando a que pasara el temporal. Cuando quedó restablecido el servicio de telégrafos se recibió un inquietante mensaje del Comandante de Marina de Tarifa preguntando por el barco, pues la mar estaba arrojando a la costa numerosos restos que parecían pertenecer al crucero. 

Conforme pasaron los días las playas de Cádiz comenzaron a llenarse de familiares de los marinos desaparecidos. De día se les veía caminar entre sollozos con un rosario en las manos y por la noche cientos de cirios alumbraban la costa como improvisados faros que guiaran el regreso de sus seres queridos, pero la mar sólo arrojaba restos del barco e incluso algunos mensajes embotellados supuestamente firmados por los náufragos que resultaron obra de un macabro bromista. El capitán general del departamento de Cádiz recibió otro anónimo que parecía más verosímil, señalando que el barco estaba hundido a "mil seiscientos o setecientos de Torre de Plata" y que el personal se encontraba "en los camarotes y el comandante atado al palo mayor…". La búsqueda en la zona señalada no arrojó resultados. 

Además de dos marineros que perdieron el barco en Tánger, hubo otro superviviente que no pudo dar cuenta de la tragedia ya que se trataba de un perro. Participando en las tareas de búsqueda, un buque inglés lo encontró a la deriva sobre un enjaretado de madera. Los ingleses adoptaron al can como propio y continuaron sus navegaciones hasta que, con motivo de una escala en Sevilla, el buque fondeó frente a la barra de Sanlúcar esperando la marea, momento en que el perro comenzó a mostrar síntomas de nerviosismo hasta saltar al agua y ganar la costa, tras lo cual callejeó por Sanlúcar hasta encontrar la casa de su dueño, uno de los oficiales del Reina Regente. 

La comisión encargada de la investigación concluyó que el naufragio se había debido a la extraordinaria fuerza del temporal, declarando que a la salida de Cádiz el barco se encontraba en buenas condiciones para la navegación. La descripción de cómo el Reina Regente se pudo haber hundido a fuerza de embarcar toneladas de agua como consecuencia del furioso oleaje resulta un documento estremecedor y de una precisión impecable, sin embargo la conclusión final volvió a levantar ampollas puesto que era sabido que el barco tenía defectos, como así señalaba una Cédula Real que ordenaba a una serie de obras de mejora. 

En cuanto a la decisión del comandante de salir a navegar a pesar del tremendo temporal, pesó sin duda la orden de estar presente en la botadura del Carlos V. En aquella época los comandantes no contaban con otro apoyo meteorológico que el barómetro y la borrasca se presentó prácticamente sin avisar, a pesar de lo cual los informes desfavorables de sus antecesores en el mando, el escaso tiempo que llevaba él mismo ejerciéndolo y la circunstancia de que en el momento de zarpar el puerto de Tánger ya se había cerrado al tráfico, debieron inclinarle hacia una decisión más prudente. 

La localización del Reina Regente 117 años después de su pérdida sigue siendo un misterio. La pista del anónimo resultó tan poco efectiva como las declaraciones de un famoso investigador ruso que anunció haber encontrado el pecio en el año 2002. No obstante, en aplicación del protocolo aludido al principio de este artículo, el barrido de la zona por parte del cazaminas Segura arrojó la presencia frente a Bolonia de dos ecos metálicos que coinciden con las características del crucero, aunque los cien metros de profundidad, la intensidad de la corriente y el hecho de que ambos estén enterrados en una densa capa de fango hacen muy difícil la identificación. 

Donde quiera que se encuentre, el buque constituye el túmulo de hierro que guarda el último suspiro de sus tripulantes, una razón de peso suficiente para que la Armada mantenga el compromiso de identificar al crucero y a los 412 hombres de su dotación.

Noticia de 2012

jueves, 5 de septiembre de 2013

EL SULTAN DE BRUNEI, SU MEGA-AVION

Cortesia de El KIOSCO ROJO...de Ibros

El sultán de Brunei es uno de los hombres más ricos del mundo. No deja de sorprender al mundo con el lujo sin límites en el que vive.
En distintos foros se critica, no sin cierta envidia, su lujoso nivel de vida, algo que no le afecta en absoluto, él sigue viviendo a lo grande.

Una de sus más recientes adquisiciones es un Airbus A340 con un coste estimado de 100 millones de dólares. 
Vamos a echar un vistazo a algunos detalles de este palacio volante.







Hassanal Bolkiah ha estado rodeado de oro y diamantes desde que nació. En octubre de 1967, a la edad de 21 años, asumió el cargo de sultán de Brunei y empezó a multiplicar su riqueza. El oro acompaña al sultán en todas partes, incluso en el cielo.

La mansión del sultán de Brunei es más grande que el Vaticano, 200.000 metros cuadrados y 1.888 habitaciones. Además, posee 5000 coches de lujo y superlujo, entre los que destacan 150 Rolls Royce. En Brueni la sanidad y la educación son gratuitas para toda la población y no se pagan impuestos personales.

Cosas del petróleo. 


Read more: http://www.husmeandoporlared.com/2013/08/avion-lujo-sultan-brunei.html#ixzz2dRl0c9oS

miércoles, 4 de septiembre de 2013

DON ALVARO DE BAZAN

Cortesia de El KIOSCO ROJO...de Ibros


-DON ÁLVARO DE BAZÁN, HÉROE DE LA MARINA ESPAÑOLA-

Nació en tierra firme pero siempre fue un hombre de mar. Desde niño le tiraron las cavias, las amuras, la mayor. Fue uno de los grandes almirantes de la historia naval española y muy probablemente el hombre decisivo para que ante el Turco ganáramos la batalla de Lepanto, y protagonista de otras muchas hazañas y venturas sobre la Mar Océana.
Él debía haber sido el gran capitán de la Armada Invencible, pero la Parca se lo llevó de entre nosotros y del mandato de Felipe II algunos meses antes. Fue, ni más ni menos, el Almirante Don Álvaro de Bazán y Guzmán, grandísimo de España. Fue también I Marqués de Santa Cruz, señor de las villas del Viso y Valdepeñas, comendador mayor de León y de Villamayor, Alhambra y La Solana en la Orden de Santiago; miembro del Consejo de su Majestad Felipe II de España, Capitán General del Mar Océano y de la gente de guerra del reino de Portugal.

-Marino y estratega-


Fue no solo un marino esforzado y valiente, genial y decidido sino también un estratega. Él fue el responsable de que la Armada Española se nutriese de aquellos gigantescos galeones que nos dieron gloria fama en medio mundo. Sí, eran demasiado grandes, su maniobrabilidad era escasa, pero su potencia de fuego era colosal, y además gracias a su envergadura propiciaban lo que los españoles siempre quisimos, un poco de ventaja para entrar a la lid cara a cara: desperta ferro, y a por el enemigo. Además, el tamaño de los galeones posibilitaba albergar a numerosos infantes de marina de nuestros Tercios, nuestra arma letal, que para algo habíamos sido sus inventores.


Vino al mundo Don Álvaro el 12 de diciembre de 1526 en la villa de Granada, donde estaba destinado su padre, también marino y militar. La familia procedía muy probablemente del navarro Valle del Baztán, y su escudo era un tablero de ajedrez, aunque ya hacía generaciones que se habían instalado en Castilla. El abuelo de nuestro héroe, también Don Álvaro, había participado en la toma de Granada como uno de los Capitanes Generales de los Reyes Católicos. Su padre, Álvaro de Bazán El Viejo también fue un gran marino, que participó por ejemplo en la llamada Jornada de Túnez, peleando a las órdenes de Carlos V.


Cuando nació nuestro Álvaro, su padre era Capitán General de las Galeras de España y pronto quiso que su hijo hiciera carrera. Viento en popa a toda vela. Por ejemplo, consiguió que el emperador nombrara a su Alvarito Alcaide del Castillo de Gibraltar con tan solo ocho años. Con nueve, ya estaba a bordo de la nao capitana de su padre, curtiéndose en la marinería desde sus orígenes, como grumete. Además, era educado como un caballero por su tutor, Pedro González de Simancas que le hizo querer y admirar a poetas y escritores, y le introdujo en el mundo del humanismo.


Con tan solo doce años, en 1538, ya viaja con su padre en acciones militares y con dieciocho participa en la batalla de Muros al lado de su progenitor. Tres mil franceses se cuenta que quedaron allí para siempre. Mientras su padre va a dar noticia de la victoria al príncipe Felipe, Don Álvaro, con dieciocho primaveras se queda al frente de la escuadra. Pronto es puesto al mando de una armada para vigilar el sur de España, lo que llevará a Don Álvaro a la lucha contra los piratas berberiscos y los corsarios franceses. A los 28 años, es nombrado capitán general de la Armada, y dos años después, en 1556 derrota a un par de navíos ingleses.


Son tiempos en los que berberiscos y otomanos se están intentando hacer con varias plazas del Mediterráneo como Vélez de la Gomera hacia donde parte una flota comandada por Sancho de Leyva, con Bazán entre sus oficiales. El viaje fracasó y los buques volvieron a Málaga. Los piratas insistieron en sus ataques y Felipe II decidió que esta vez no se podía fallar: había que tomar Vélez de la Gomera.


El jefe del nuevo intento sería García Álvarez de Toledo y Osorio, con Don Álvaro de Bazán como lugarteniente. Esta vez el éxito fue total. En vista de los acontecimientos, los turcos decidieron atacar Malta, primer paso para la invasión de Sicilia. Pero Malta se defendió como un gato panza arriba, contando por supuesto con la inestimable ayuda de las tropas españolas bajo el mando de Bazán. A los cuarenta años, Don Álvaro de Bazán es nombrado Capitán General de las Galeras de Nápoles y poco después, el 19 de octubre de 1569 , Felipe II le concede el título de Marqués de Santa Cruz.


No obstante, la situación seguía siendo muy difícil en el Mare Nostrum, que cada vez parecía menos nostrum y más del Imperio Otomano. Entre los nuestros, algunos apuntaban a que los turcos querían invadir España, sin duda con la ayuda de los moriscos que aún quedaban en nuestro país. Había que tomar una decisión, y la decisión acabaría llamándose Lepanto, donde se unirían España, el Papado, la República de Venecia, Toscana, Génova y Saboya. Don Juan de Austria era el jefe de los nuestros. La flota reunida por la llamada Santa Liga estaba compuesta por más de doscientas galeras. Treinta de ellas, las de Nápoles, estaban comandadas por Álvaro de Bazán, quien se había convertido en hombre de confianza de Don Juan. En Lepanto, la actuación de Bazán fue decisiva. Estaba encargado de la retaguardia y fueron él y sus barcos los que arreglaron unos cuantos despropósitos entre los nuestros. Aunque Bazán no era el principal almirante de la flota, gran parte de nuestra estrategia corrió de su parte. Estuvo en todas partes, y en todas partes sus órdenes fueron atinadas y su valor el de costumbre, gigantesco.


Era el 7 de octubre de 1571, una fecha que qeudó bordada de oro en la historia de España y en la historia de la marinería. Cinco años después, Bazán era nombrado Capitán General de las Galeras de España.


En 1580 fallecía Enrique I de Portugal, y Felipe II vio llegado el momento de hacerse con el trono lusitano, ya que era hijo de Isabel de Portugal y descendiente de Manuel I. La cosa no iba a ser tan sencilla. Y de nuevo hubo que echar mano de arcabuces y alabardas. Se oponen a Felipe se oponen Antonio, prior de Crato, quien creía ser el heredero, y las reinas Catalina de Médicis, regente de Enrique III de Francia, e Isabel I de Inglaterra.


-La isla Terceira-


Pero los nuestros no están para bromas y comandados por Fernando Álvarez de Toledo y Pimentel, el Duque de Alba, marchan sobre Lisboa y Don Álvaro de Bazán capitaneando nuestra Armada desciende el curso del río Tajo hasta la capital portuguesa,donde Felipe II entraría triunfante en 1581. Sin embargo, una isla de las Azores, la Terceira se puso en rebeldía, lugar pequeño pero de gran importancia estratégica, entre otras cosas porque todos nuestros barcos que hacían la carrera de las Indias pasaban muy cerca y no podía permitirse que aquella tierra estuviera en manos de enemigos. Ingleses y franceses ayudan a los de Terceira. Felipe II manda primero a Pedro Valdés que fracasa en su intento de tomar la isla. En la siguiente campaña, Álvaro de Bazán sería el encargado de la empresa. Felipe Strozzi mandaba la potente escuadra francesa.


La llamada batala de la Isla Terceira terminaría con la victoria española. Cuentan las crónicas que entre los nuestros hubo 224 bajas y 533 heridos, mientras que los franceses se habrían dejado sobre las aguas de las Azores más de mil muertos. Sin embargo, Álvaro de Bazán no desembarcó en la Terceira, porque vio que no tenía las suficientes unidades. Felipe vuelve a intentar la paz con el gobernador de la isla pero no hay manera. Francia e Inglaterra fletan otra flota hostil. Ha llegado la hora del desembarco que tendrá lugar en la llamada cala de Las Molas. Las historia asegura que los primeros en llegar a tierra fueron el el capitán Luis de Guevara y el soldado Rodrigo de Cervantes (hermano de Miguel de Cervantes) y el alférez Francisco de la Rúa. Luego llegaría el propio Bazán. Faltaba vencer el fuerte de San Sebastián. Setenta de los nuestros se dejaron la vida en ello.


-A por Inglaterra-


Pero Felipe II tenía claro que el verdadero enemigo estaba mucho más al norte, era Inglaterra. Y en su cabeza cada vez cobra más fuerza la idea de invadir la isla. Aunque no fue consltado, Álvaro de Bazán hizo una propuesta de conquista y, finalmente, el 26 de enero de 1586 el rey ordenó a nuestro ilustrísimo marino preparar una escuadra para el ataque. Por una u otras cosas la acción se fue deteniendo en el tiempo y Su Majestad Católica hasta llegó a enfadarse con don Álvaro. Enfrentamiento que duraría hasta el 4 de febrero de 1588 cuando el ilustrísimo marino, el héroe del Mediterráneo y de Lepanto es cesado. Así son las cosas en nuestra Patria. Bazán recibe la noticia de su ceses en su cama de muerte. Fallece, a la mayor gloria de Dios y de España, el 9 de febrero de 1588, en Lisboa. Despidámosle como tan galanamente le saludó Lope de Vega: «El fiero turco en Lepanto, / en la Tercera el francés, / y en todo mar el inglés, / tuvieron de verme espanto. / Rey servido y patria honrada / dirán mejor quién he sido / por la cruz de mi apellido / y con la cruz de mi espada».


Fuente: www.abc.es
Imagen: Monumento a Álvaro de Bazán en Madrid

martes, 3 de septiembre de 2013

EL ATAQUE VIKINGO A SEVILLA

Cortesia de El KIOSCO ROJO...de Ibros


-EL ATAQUE VIKINGO A SEVILLA-

A finales de agosto del 844 una flota de ochenta naves fue avistada en las costas de al Andalus. Se trataba de los Nordumâni, los temibles vikingos. Dos meses más tarde, Sevilla ardía en su fuego, sus habitantes eran pasados a cuchillo, violados y convertidos en esclavos.

A finales del año 229 de la hégira (agosto del 844), en las costas occidentales de al Andalus cincuenta y cuatro velas blancas fueron avistadas en el mar enfrente de la ciudad musulmana de Lisboa. Se trataba de los al-Urdumâniyyun, o Nordumâni. Los normandos, piratas vikingos de los que los andalusíes conocían historias, a través de los cristianos norteños y de los comerciantes, aparecían por primera vez ante sus ojos. Habían escuchado relatos que hablaban de ataques despiadados, muertes brutales, y un rastro de sangre a su paso, pero hasta entonces para todos ellos se trataba de cuentos que circulaban de boca en boca. Sin embargo, ahora la realidad se abría paso en Lisboa, donde una de sus escuadras se desplegaba en el puerto dispuesta al combate.

Los cronistas árabes que recogen el más terrible ataque normando contra al Andalus mencionan que el número de sus barcos rondaba los ochenta, de los que cincuenta y cuatro eran de grandes dimensiones y los otros restantes más ligeros. Conocedor de su mala fama, el gobernador de Lisboa, Ibn Hazm, luchó con ellos bravamente, rechazándole después de varios días de encarnizados choques. Apenas las velas desaparecieron en el horizonte, en dirección al sur, Ibn Hazm escribió una carta al emir de Córdoba ‘Abd al­Rahmân, en la que le informaba de estos sucesos y le advertía de la próxima aparición de las bestias del norte, si eran ciertas sus noticias y se disponían a golpear el sur.

En efecto, pasadas catorce noches del mes de Muharram del año 230 de la hégira (finales de septiembre de 844), los vikingos ya se habían apoderado de Qabpil, la Isla Menor, en Cádiz, y remontaban el Guadalquivir dispuestos a saquear y destruir Sevilla y aun la mismísima capital de al Andalus si sus fuerzas se lo permitían. Cuatro naves se separaron de la flota principal, para inspeccionar el territorio hasta la localidad de Coria del Río, donde desembarcaron y dieron muerte a todos sus habitantes a fin de impedir que tuvieran tiempo de advertir a los suyos. El camino hacia su fortuna estaba libre.

Apenas transcurridas tres jornadas desde su desembarco, los normandos decidieron remontar por fin el Guadalquivir hacia Sevilla, conocedores de las riquezas que era fama se albergaban en esta ciudad. Para entonces sus habitantes se disponían a la defensa solos, sin un caudillo militar claro que guiase su ejército, pues el gobernador de la ciudad les había abandonado a su suerte, huyendo a Carmona. Los musulmanes se encontraban, por tanto, a merced del peor de los enemigos.

Advertidos de esta deserción y de la escasa preparación militar de quienes se habían quedado a resistir su ataque, los hombres del norte marcharon con sus naves hasta los arrabales de la ciudad. Desde ellas, aprovechando su ventaja, dispararon sucesivas tandas de flechas contra los sevillanos, hasta romper su cohesión y provocarles el mayor desconcierto y miedo. Conseguido su propósito, abandonaron las embarcaciones para luchar cuerpo a cuerpo con ellos, seguros de su victoria.

La matanza y el saqueo duraron unos siete días. Una semana en la que los más fuertes huyeron, escapando cada uno por su lado, y los más débiles cayeron en las garras de los vikingos. Mujeres, niños y ancianos desvalidos fueron pasados a cuchillo y violados. A algunos de ellos se les perdonó la vida, aunque su destino era también estremecedor: la esclavitud. Sin respetar siquiera lo más sagrado, cargados con el botín y los prisioneros, regresaron a sus naves para volver al seguro campamento de Qabpîl.

No contentos, volvieron a Sevilla en una segunda ocasión, esperando aumentar el número de cautivos entre los desafortunados que regresaran a sus hogares al considerar que los ataques habían cesado. No encontraron más población que un puñado de viejos, que se habían reunido en una mezquita para rezar por los suyos y hacerse fuertes. De nada sirvieron sus oraciones: los normandos tomaron a la fuerza el lugar santo y su sangre bendijo la tierra de aquel lugar que, a partir de entonces, pasó a llamarse “la Mezquita de los Mártires”. Durante casi dos meses camparon totalmente a su antojo, desolando y sembrando el pánico entre los andalusíes. Hasta que, en noviembre, el emir ‘Abd al­Rahmán consiguió movilizar un ejército lo suficientemente fuerte para plantarles cara. Parte de esta tropa, al mando de Ibn Rustum y otros generales, pronto alcanzó la comarca del Aljarafe sevillano, donde en un fustigamiento conjunto de caballería e infantería, consiguieron desconcertar plenamente a sus enemigos. Coordinaba los esfuerzos musulmanes Nasr, favorito del príncipe omeya, quien dispuso una emboscada para terminar de una vez por todas con aquella amenaza.

Mientras algunos de los soldados provocaban con sus escaramuzas a los vikingos en los alrededores de la ciudad, el grueso del ejército andalusí esperaba a que aquellos valientes atrajeran a los normandos a un lugar llamado Tablada, al sur de Sevilla, donde hasta hace poco hubo un aeropuerto militar. Confiados en su notable superioridad numérica y como guerreros, los hombres del norte mordieron el anzuelo y descendieron con sus naves el río Guadalquivir en persecución de aquellos que habían osado provocarles. Al llegar a la aldea de Tejada desembarcaron y el cielo se abatió sobre ellos.

Allí les aguardaba emboscado Ibn Rustum, con el grueso de sus soldados. Apenas los normandos superaron su posición y le ofrecieron la espalda, les salió al encuentro mientras los perseguidos musulmanes detenían su huida para encararse con sus perseguidores. Atrapados entre dos fuegos, los vikingos no pudieron sino luchar por sus propias vidas contra hombres que buscaban venganza por la sangre de los suyos.

Aquella atroz derrota les supuso la mayor de las humillaciones que hasta entonces habían recibido. Sobre el campo de batalla quedaron más de mil cadáveres de normandos, y cerca de cuatrocientos fueron capturados para escarnio de todos. Mientras los supervivientes escapaban profundamente aterrorizados hacia sus naves, abandonando más de treinta embarcaciones en la huida, Ibn Rustum ordenó la decapitación ejemplar de los prisioneros supervivientes a la vista de sus camaradas. El fuego acabó sobre el Guadalquivir con las naves vacías mientras algunas de las cabezas cortadas eran enviadas al emir ‘Abd al-Rahmân y otras, clavadas en picas o en palmeras, permitieron saber a los sevillanos que su sufrimiento había llegado a su fin, que los asesinos de sus seres más queridos ahora les miraban desde las cuencas de sus ojos vacíos.

Ibn Rustum fue premiado, Nasr, favorito del príncipe, encumbrado a lo más alto. Se compusieron poemas en loor de aquella victoria sin igual.

El recuerdo de aquel oscuro episodio no terminó aquí. Las murallas de Sevilla fueron reforzadas y fortificadas, se repararon los daños causados por los normandos en las mezquitas, los baños y las casas. El puñado de hombres del norte que consiguió salvar la vida y escapó por tierra hasta Carmona y Morón, fue arrinconado por Ibn Rustum, que les forzó a rendirse y consiguió su conversión al Islam. Asentados en el valle del Guadalquivir, es fama que se especializaron en la cría de ganado y en la producción de leche y sus derivados y que sus quesos se convirtieron en más que famosos en aquellos tiempos. Años después, en el 859, Sevilla volvió a sufrir un nuevo ataque, que terminó con el incendio de la mezquita de Ibn ‘Addabâs (actual iglesia de San Salvador). La respuesta del emir de al Andalus fue dura y contundente: durante esos mismos años había ordenado la construcción de una flota de guerra capaz de frenar aquella amenaza y no dudaría en enfrentarla con los mejores marinos del Islam a quien se atreviera a atacar Sevilla. Cuentan las crónicas que juró arrasar sus bases y sus tierras del norte si osaban volver a derramar la sangre de un solo andalusí. Aquella advertencia parece que sí caló en el ánimo de los vikingos, pues durante largos años no se documentaron más strandhógg, como llamaban en su lengua a estas campañas de saqueo.

Mientras, al Andalus se poblaba de atalayas y fortalezas en la costa para vigilar el mar y los hijos de aquellos hombres del norte pasaban a engrosar las filas de los servidores de los Omeyas como soldados de élite destinados a proteger al príncipe. Tales medidas consiguieron su fruto, ya que los musulmanes hispanos lograron rechazar los ataques de los vikingos durante el siglo X.

Y al mismo tiempo que los grandes cronistas recogían estos éxitos de las armas musulmanas de Hispania, del valor de los sevillanos, el recuerdo de la derrota quedó en el fondo histórico de la nórdica saga de Ragnar y en el silencio de las restantes fuentes normandas.

*Margarita Torres Sevilla/Universidad de León

UNA CRÓNICA EN VERSO

El ataque de los vikingos a Sevilla quedó reflejado en distintas crónicas de la época en las que se narraban los hechos de armas en los que los musulmanes resultaron vencedores. Entre ellos cabría destacar las descritas en los siguientes versos:


Dicen que han, llegado los normandos,
y yo digo: si quieren, me complace tengan a Nasr; 
pues cierto está el lslorn de que sus espadas
protegerán su sagrado y arrancaran el descreimiento: 
¡Cuánta víctima infiel fue inmolado por obra de su espada! 
Pregunto por Tabladaan los osos y o los buitres.

El poema termina con el recuerdo del final de lo batalla:
Su espada cortó las carnes de los normandos,
lo tarde que lo encontraron, como lobos y buitres, 
llevándose cabezas enarbolados en lanzos.
¡Qué hermoso espectáculo o los ojos de la gente!
El espanto al escuadrón de Nosr despeja la tierra,
cuando en el dio del estrépito viste de polvo.